Programa de Estudio de Educación BásicaInformación GeneralEJES TRANSVERSALESLos seres humanos enfrentan actualmente múltiples problemas que afectan su calidad de vida: la violación de los derechos humanos, el deterioro del ambiente, de la salud, el consumismo, la desigualdad, la pobreza extrema, los prejuicios sociales, la violencia, la corrupción. Estos son, entre otros, fenómenos presentes en las diferentes culturas que obligan a una reorientación de la educación en su proyección social a partir de valores y actitudes que brinden sentido y armonía a la vida. Por otra parte, los cambios acelerados en el ámbito científico, tecnológico, comunicacional e industrial obligan también a transformaciones sustantivas en el campo educativo. Ante la situación señalada, varios pensadores venezolanos se han pronunciado en relación con la necesidad imperativa de un cambio educativo en el país. Así por ejemplo, Rivas Casado (1996) señala:
Igualmente, Almea, Ruth ya en 1987 sustentaba:
De la misma manera, sostiene que el sistema educativo debe jugar un papel trascendente en la transmisión de valores: "La misma no puede estar circunscrita a ciertos niveles del sistema educativo y a determinadas áreas curriculares, sino extendida a través de todo el sistema en donde todas las disciplinas pueden y deben ser propicias para la conformación de normas de conducta deseables”. En otro orden de ideas, De Viana (1997), en un artículo en el cual se plantea el problema de la ética y la política en nuestro país, expresa que más que el "rescate" de los valores, el desafío de la sociedad venezolana es "crear las posibilidades de que existan esos valores y convicciones en la conciencia de los individuos”. Dentro de ese contexto, y como una alternativa de respuesta a estas inquietudes se inserta la Reforma Educativa centrada en la transversalidad que actualmente adelanta el Ministerio de Educación y la cual se discute en todo el territorio nacional. Se plantea entonces, una redimensión del proceso educativo al abordarlo a partir de los Ejes Transversales: Lenguaje, Desarrollo del Pensamiento, Valores, Trabajo, Ambiente. (Plan de Acción M.E. 1995; Reto, Compromiso y Transformación, 1996). Estos ejes, con un profundo contenido ético y social, responden a problemas que se evidencian en la población escolar o en la sociedad venezolana, entre los cuales se pueden citar: actitudes contrarias al diálogo constructivo y al consenso, deficiencias alarmantes en el uso oral y escrito de la lengua; problemas para un adecuado procesamiento de la información, la resolución de problemas, la transferencia de conocimientos, la toma de decisiones; pérdida progresiva de valores frente al surgimiento de antivalores que se manifiestan en los diferentes sectores que conforman nuestra sociedad; propone una nueva concepción de trabajo como una actividad inherente al ser humano, que permite su realización como persona y que garantiza la adquisición de bienes destinados a alcanzar seguridad personal y familiar; indiferencia ante el deterioro ambiental expresados en la poca atención que se presta a los problemas de salud corporal y mental, en la falta de mantenimiento de las áreas adyacentes a la escuela y al hogar, en la extinción de la fauna y de la flora, en el uso irracional de materiales contaminantes, en la destrucción del ecosistema a través de acciones individuales y colectivas, falta de actitud crítica y de organización comunitaria frente a las acciones contrarias al equilibrio ecológico... En el nuevo Diseño Curricular se le asignan a la transversalidad dos funciones esenciales:
La primera función trasciende los límites del hecho pedagógico y se convierte en un fenómeno social y político que compete al conjunto de los actores sociales. Esta situación genera algunas interrogantes: ¿Cuál es el tipo de educación que se requiere para formar un individuo capaz de desenvolverse en una sociedad en la que se avizoran grandes cambios cuya naturaleza desconocemos?. ¿Qué valores, qué concepción del hombre queremos transmitir a través de la educación?. En el contexto educativo venezolano, la discusión sobre el tema está planteada. Así lo refleja la Asamblea Nacional de Educación celebrada recientemente y en la cual participaron diversos sectores de la vida nacional. Asimismo, en todo el territorio nacional se está propiciando el diálogo sobre la reforma educativa. El debate está abierto y debe continuar. Pero en lo que sí hay consenso, y así se consagra en el Modelo Curricular, es en el hecho de que la escuela debe ser entendida como una organización integrada a la comunidad y como centro para la reflexión y la discusión de los problemas ético - morales que afectan el entorno escolar y al colectivo venezolano. Esto supone, entre otras cosas, lograr que los padres y representantes se comprometan con la educación de sus hijos. En los últimos tiempos la escuela se ha convertido en una especie de guardería infantil tanto para las clases menos poderosas como para las más altas. Unos, por necesidad; otros, muchas veces, por comodidad. Por otro lado, a los maestros poco les gusta que le invadan lo que consideran "su territorio". De allí que rechacen a aquellos padres que indaguen, que pregunten sobre el desarrollo de las actividades escolares y sobre la actuación de sus hijos. La reforma curricular exige un cambio de conducta; la escuela, como ya se ha señalado, debe ser el sitio en el cual la integración de los docentes, padres y representantes y comunidad busquen soluciones a los distintos problemas que inciden en el hecho pedagógico. En este orden de ideas, Yus Ramos (1997) señala que la función de la escuela actual gira en tomo a dos aspectos:
En relación con la segunda función, el Modelo Curricular del nivel de educación básica (1997) señala explícitamente que los ejes “...constituyen una dimensión educativa global interdisciplinaria que impregna todas las áreas y que se desarrolla transversalmente a lo largo y ancho del curriculum..." Los ejes transversales se convierten, entonces, en fundamentos para la práctica pedagógica al integrar las dimensiones del ser, el saber y el hacer a través de los contenidos actitudinales, conceptuales y procedimentales presentes en todas las áreas del currículo. Se trata de formar un hombre que sea capaz de aprender a ser, que sea cada día más humano; que sea capaz de aprender a hacer que ponga en actividad su mente y sus manos y capaz de aprender a conocer que esté dispuesto a adquirir el conocimiento, procesarlo y transformarlo, de tal manera que, formado integralmente, sea capaz de aprender a convivir en una sociedad más justa y más democrática. (Ver gráfico).
De acuerdo con lo planteado, se puede definir la transversalidad como un sistema de relaciones que sirve de vinculo entre el contexto sociocultural y el contexto escolar y como un recurso didáctico que permite la integración tanto de los ejes entre sí como de los ejes con las diferentes áreas del currículo. Hay que insistir en el hecho de que el enfoque transversal no niega la importancia de las disciplinas, sino que obliga a una revisión de las estrategias didácticas aplicadas tradicionalmente en el aula al incorporar al currículo, en todos sus niveles, una educación significativa para el niño a partir de la conexión de dichas disciplinas con los problemas sociales, éticos y morales presentes en su entorno. En consecuencia, los ejes transversales no pueden considerarse como contenidos paralelos a las áreas sino como medios que conducen a un aprendizaje que propicie la formación científica, humanística y ético - moral, de un ser humano cónsono con los cambios sociales y culturales que se suscitan en el mundo de hoy. Desde el punto de vista operativo es importante que los ejes transversales se materialicen en el currículo en tres dimensiones interrelacionadas:
Como puede inferirse de los planteamientos anteriores, la inclusión de los ejes transversales en el currículo favorece también la “autonomía pedagógica" del docente en la búsqueda de respuestas ajustadas a las particularidades de la escuela y de los alumnos. Este hecho explica la orientación del currículo oficial que sólo propone los elementos básicos nacionales en cada etapa de Educación Básica, de forma que sean los equipos docentes de cada escuela los que concreten las acciones a desarrollar de acuerdo con las particularidades regionales. Se valora de esta forma la acción del maestro, directivos y familia, como responsables del equipo que, conjuntamente con los alumnos, harán realidad un proyecto educativo ajustado a su contexto sociocultural. De acuerdo con el modelo curricular, la primera etapa se enmarca dentro de un proceso de integración a través de los ejes transversales. En la segunda etapa se insiste en el proceso de integración que se logra no sólo a través de los ejes, sino también a partir de los referentes sociales: Ciudadanía y Respeto por la Vida. Estos referentes se pueden describir como valores que responden a la búsqueda de soluciones a problemas complejos que vive el colectivo venezolano y que trascienden el ámbito nacional. La situación de violencia que vive Venezuela y el mundo ha entronizado la cultura de la muerte. En consecuencia, la escuela está obligada a rescatar la cultura de la vida fundamentada especialmente en el amor a sí mismo, a la familia, a la naturaleza, a los seres humanos, a la patria... Por otra parte, la escuela debe tener como fin la formación de un ser humano consciente de que pertenece a un país con el cual tiene compromisos que cumplir como ciudadano y que, igualmente, debe asumir una conducta responsable y reflexiva frente a los problemas que confronta el planeta Tierra. Con esta orientación, los referentes sociales: Ciudadanía y Respeto por la Vida se proyectan en todos los ejes transversales, constituyen dos dimensiones del eje Valores y se relacionan también con dos dimensiones del eje Ambiente: Promoción de la Salud Integral y Participación Ciudadana. Asimismo, se evidencian en los indicadores y alcances de los ejes Lenguaje, Trabajo y Desarrollo del Pensamiento. Se garantiza, de esta manera, la presencia de los citados referentes en todas las áreas como factores que dinamizan el currículo y que aseguran la coherencia del modelo. La trascendencia de los referentes permite, además, asegurar la pertinencia social del Diseño Curricular que, como ya se ha señalado, enfatiza en el desarrollo de competencias para lograr un ciudadano consciente de sus derechos humanos reconocidos y garantizados en las leyes nacionales e internacionales y de sus responsabilidades y compromisos para con su propia persona, su comunidad inmediata, su país y el planeta que habita. A continuación se presenta la justificación de cada uno de los ejes y, en un intento de sistematización, las dimensiones, indicadores y alcances correspondientes. Se conciben las dimensiones como categorías funcionales generales y los indicadores como sub categorías de las dimensiones. Ambos se explicitan en los alcances, concebidos como las aspiraciones a través de las cuales se orienta el énfasis social de la acción pedagógica. EJE TRANSVERSAL LENGUAJEEl lenguaje permite al hombre participar en procesos sociales de entendimiento que afianzan su propia identidad al interactuar en una sociedad específica y compartir con otros una misma cultura. A través de la comunicación los individuos pueden desarrollar acciones que propicien transformaciones sociales. La oportunidad de dialogar, criticar, discernir, proporciona oportunidades para reflexionar y para cuestionar, eliminar prejuicios, valoraciones preconcebidas y acceder a la resolución de conflictos por vías no violentas. En el proceso de la comunicación es posible que los individuos cambien sus propias opiniones o construyan otras que podrían ser introducidas a nivel social mediante el consenso. Las ideas antes señaladas, aplicadas al campo educativo, propenden al desarrollo de un modelo cuyo objetivo es crear situaciones óptimas para que se dé la comunicación en un ambiente que promueva la igualdad y la democracia. Un proyecto educativo, entonces, ha de concebirse como un acto de entendimiento y de elaboración conjunta de todos los elementos involucrados en el proceso educativo. El enfoque comunicativo establece que es necesario explicitar lo que se ha llamado el "currículo oculto" de tal manera que todos los participantes en el proceso educativo puedan opinar sobre el modelo de sociedad que se desea lograr. La educación, desde esta perspectiva, es responsable de la atención al contexto sociocultural en el cual se desarrolle la acción escolar. Esta concepción sociopedagógica está en sintonía con las orientaciones que se formulan como fundamento del eje lenguaje en la nueva propuesta. Así, estas orientaciones parten de un enfoque comunicacional - funcional que exige atender la variedad de usos verbales y no verbales que se utilizan en situaciones concretas de comunicación: satisfacer necesidades materiales, intercambiar ideas, expresar puntos de vista, expresar curiosidad acerca del por qué de las cosas, manejar el lenguaje de las normas e instrucciones, leer mapas, gráficos, señales, leer e interpretar imágenes, ilustraciones, textos de diferentes tipos. Sin embargo, es necesario que la práctica pedagógica no sólo estimule la potencialidad comunicativa del alumno sino también su capacidad para reflexionar sobre sus propias estrategias de comunicación: atención a los turnos en la conversación, gestualidad, movimientos corporales, manejo del tono de la voz, control de la impulsividad, uso del vocabulario, recursos persuasivos, procesos de comprensión y producción de textos verbales y no verbales (pintura, música, imágenes, fotografías; paisajes, símbolos, señales...). Además hay que considerar los avances de la tecnología de la comunicación en los tiempos actuales. Nuestros niños y jóvenes tienen acceso a medios como la televisión, la radio, las redes electrónicas de comunicación, sin la asesoría u orientación de los padres. La información presentada, en muchos casos, puede ser deformadora de valores y, en consecuencia, perjudicial para su formación como persona con plena conciencia de su identidad y de su pertenencia a un grupo social. En este sentido, el docente, en el marco del enfoque comunicacional - funcional que se propone, debe propiciar situaciones para que el alumno reflexione y asuma actitudes críticas ante la información brindada por estos medios. Es indispensable acotar que el español de Venezuela ha de ser la variedad lingüística en la que se fundamentarán las actividades que se planifiquen en el Proyecto Pedagógico de Aula. Esta variedad es la que conocen los niños en el contado cotidiano con los miembros de la comunidad. Es la que usan para comunicarse. Además de este factor eminentemente pedagógico y psicológico, debe destacarse la importancia del reconocimiento del español de Venezuela y sus distintas variedades como un principio de reafirmación de la identidad regional y nacional. Por las razones antes expuestas, es obvio que también han de respetarse las diversas variedades de las lenguas indígenas venezolanas. En síntesis, el eje transversal lenguaje, en armonía con los otros ejes, tiene como propósito la formación de hombres y mujeres que comprendan que el intercambio comunicativo debe fundamentarse en valores esenciales: la tolerancia, la afectividad, la claridad en la expresión de mensajes coherentemente organizados, la adecuación del lenguaje al contexto de uso, la conciencia de la validez de los usos lingüísticos verbales y no verbales como expresión de la libertad a la que tiene derecho todo ser humano. Con esta concepción, se privilegia el trabajo en equipo como un medio para expresar la capacidad de diálogo y argumentación, entendidos como recursos comunicativos básicos para solucionar problemas, llegar a acuerdos, propiciar el consenso, elementos indispensables para la convivencia en una sociedad democrática. Las razones expuestas justifican la consideración de tres dimensiones en el eje lenguaje: comunicación, comprensión y producción. Obviamente, esto es sólo un intento de sistematización ya que estas categorías funcionan de manera interrelacionada. A cada una de ellas corresponden diversos indicadores y alcances, que orientan la labor pedagógica del docente dentro de un Modelo Curricular que hace énfasis en lo social.
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La presencia del eje transversal valores en el Diseño Curricular del Nivel de Educación Básica se justifica por la crisis moral que caracteriza la época actual. En Venezuela es motivo de preocupación la pérdida progresiva de valores que se observa en los diferentes sectores que conforman nuestra sociedad.
En este sentido, una educación en valores debe promover cambios significativos que conduzcan a la formación de un ser humano capaz de desenvolverse en una sociedad pluralista en la que pueda, de una manera crítica, practicar como norma de vida la libertad, la tolerancia, la solidaridad, la honestidad, la justicia, el respeto a los derechos humanos y a los valores que de ellos se desprenden.
Diferentes autores, en distintas épocas, han tratado de definir qué son los valores. El tema, por ser de gran complejidad, ha sido, es y será objeto de polémica y discusión. Sin embargo, hay consenso en que los valores son realidades que permiten al hombre ubicarse a sí mismo en relación con los demás. Son tan importantes que llegan a ser condiciones inherentes al ser humano. Toda nuestra vida se encuentra impregnada de valores sean positivos o negativos.
Los valores manifiestan sus propiedades en sí mismos, de allí que se expresen mediante sustantivos (libertad, justicia,...) pero requieren de algo o alguien en que o en quien plasmarse. Por eso se ha señalado que los valores son cualidades que caracterizan a determinadas personas (un hombre tolerante); acciones (una acción solidaria); sistemas (un sistema justo); sociedades (una sociedad igualitaria); cosas (una cosa útil).(Cortina, Adela. 1996)
Los valores se distinguen entre sí por su contenido propio y comparativo. A todo valor corresponde un antivalor que es un valor de signo negativo. Esto es conocido como un "hecho” que impone una polaridad. Para entender un valor en sus diferentes manifestaciones se requiere, por oposición, conocer el antivalor, por ejemplo: justicia/injusticia, respeto/irrespeto.
Asimismo, manifiestan jerarquías que cambian por circunstancias históricas o causales. Determinada conducta o actuación puede considerarse dentro de un grupo social o ambiente como moralmente satisfactoria, mientras que en otros, puede ser rechazada porque se juzga inmoral. Por otra parte, así como las sociedades cambian, también evolucionan los valores. El concepto de un valor trascendental como la libertad no significaba lo mismo en una sociedad esclavista que en una sociedad como la actual. También se observa que generacionalmente se producen cambios sustanciales en relación con la evaluación de actitudes, conductas, de tal modo que lo que era bueno o correcto para los adultos (abuelos, padres) ya no lo es para los jóvenes y viceversa.
Esto significa, como señala Ruth de Almea (1987), que es necesario una jerarquía para el mundo de los valores. Cada grupo social a partir de investigaciones realizadas debería determinar cuáles serían las metas a lograr en el orden de los valores. Estas podrían manifestarse en objetivos educativos.
Además, para los efectos de los currículos escolares debemos decir que los valores se “internalizan”, es decir, se adquieren por la experiencia, pero se concientizan cuando se aprenden por la conducta. Esta constituye la primera regla.
De allí se desprende una segunda regla: la “concientización” de los valores debe partir de la consideración del “yo” para llegar al “nosotros” en la medida en que el desarrollo evolutivo de la persona lo exija. Aquí se hace necesario destacar que el aprecio por sí mismo, natural en todo ser humano, debe educarse como un valor a partir del auto respeto. El que aprende a respetarse asi mismo e internaliza este valor, crea las bases para su éxito en la vida.
La tercera regla para propiciar la internalización de los valores es la de lograr una progresiva identificación del “yo” con el “nosotros” y con “el mundo de los otros”, de manera tal que pueda ser entendida por el educando en la medida en que sus experiencias le vayan planteando interrogantes y él vaya construyendo y respondiendo hipótesis. Así por ejemplo, en el niño el proceso de socialización primario se presenta al descubrir el amor frente al desamor, el altruismo frente al egoísmo.
La cuarta regla es la búsqueda del aprecio de los valores positivos en contraposición a los antivalores. En este sentido, se hace necesario sensibilizar al educando para que diferencie unos de otros mediante la discusión y el diálogo y para que manifieste, en su comportamiento, que ha comprendido el poder creativo de los primeros frente al poder destructivo de los segundos.
La quinta regla pretende lograr el hábito de la reflexión sobre la importancia que los valores tienen en nuestra propia existencia al condicionar, estimular o entorpecer los propósitos que nos proponemos como metas que deben desarrollarse en los educandos.
Por lo antes expuesto, se precisan algunas orientaciones que pueden facilitar la planificación escolar:
Conviene destacar que el desarrollo moral del niño ha sido tema de estudio de autores como Jean Piaget y Kohlberg quienes coinciden en que el ser humano, en la construcción de valores morales, pasa por estudios sucesivos hasta alcanzar un nivel de desarrollo que se manifiesta en su actuación como ciudadano (ver desarrollo socioafectivo y moral en Fundamentación del Diseño Curricular de Educación Básica).
La escuela debe ser, entonces, el complemento del hogar en la construcción sistemática del desarrollo moral y en la formación de valores. Cuando las condiciones familiares del niño no sean favorables, la responsabilidad de la escuela aumenta considerablemente. En cualquier caso, la escuela debe ser inteligentemente dirigida, celosamente cuidada y meticulosamente evaluada. El niño vive inmerso en una sociedad que lo condiciona implacablemente, por lo que el aula y el ambiente escolar deben permitirle lograr dos cosas:
Los valores que se proponen en la reforma curricular, atienden al contexto sociocultural venezolano y fundamentalmente a los consagrados en la Constitución Nacional de la República de Venezuela y en la Ley Orgánica de Educación. Se aspira lograr la formación integral del estudiante y la continuidad de nuestros valores culturales e históricos, razón primordial de nuestra existencia como país.
Este eje transversal comprende, entonces, diez dimensiones que corresponden al cuerpo de valores seleccionados. Cada una de ellas se presenta con sus respectivos indicadores y alcances. Estos proporcionarán orientaciones al docente para la planificación del Proyecto Pedagógico de Aula o para cualquier otra actividad pedagógica ya que contribuyen a la interrelación de los aprendizajes con una visión socialmente contextualizada.
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En la Ley Orgánica de Educación (1980) se consagra que una de las finalidades de la educación es “... formar un hombre apto para convivir en una sociedad democrática..., basada en la familia como célula fundamental y en la valorización del trabajo...” En el artículo 7 de esta misma Ley se establece que “el proceso educativo estará estrechamente vinculado al trabajo, con el fin de armonizar la educación con las actividades productivas propias del desarrollo nacional y regional...”
Los artículos anteriormente citados se constituyen en directrices para darle especial relevancia al trabajo en el contexto educativo. Este hecho justifica su consideración como Eje Transversal en el Modelo Curricular, lo que asegura su presencia en todas las áreas académicas que integran el currículo de las diferentes etapas del Nivel de Educación Básica.
La valoración del trabajo no tiene solamente una fundamentación legal. En el ámbito intelectual venezolano, múltiples autores se han referido a este tema. Hace más de un siglo ya Simón Rodríguez planteaba que era necesario enseñar a los hombres a trabajar para que no tuvieran que prostituirse y aprendiesen a convivir con sus semejantes.
Coincidiendo con el Maestro, Ruth Lerner de Almea (1987), al referirse a este tópico, considera que es un imperativo para la educación orientar la formación del ciudadano venezolano hacia conductas contrarias al “logro de riquezas ilícitas fácilmente obtenidas”. Se asume así el trabajo como “un arma para preparar a los educandos contra toda forma de corrupción” con lo cual “se consolida y preserva el sistema democrático”.
Asimismo, Escobar Salom (citado por Lerner de Almea, 1987) considera que “la más importante de todas las lecciones que un venezolano puede recibir en la escuela es que para ser libres e independientes tenemos que producir y para producir tenemos que trabajar.” "Si no trabajamos -señala Escobar Salom- seremos cada vez menos importantes, menos felices y menos apreciados en el mundo".
Por otra parte, Nacarid Rodríguez (1995) expresa que la Educación Básica, como nivel de educación general, no puede ni debe formar mano de obra específica para puestos de trabajo, ya que su prioridad está en el desarrollo integral del ciudadano vinculándolo al mundo del trabajo a través de la escuela. Además, destaca la necesidad de relacionar la teoría con la práctica. Este hecho implica y exige “la realización de experimentos para comprobar lo que se dice, la demostración en el terreno, la aplicación de los conocimientos teóricos a la solución de problemas de la realidad, la observación directa, la manipulación de instrumentos, la vivencia directa de las situaciones, la participación en el trabajo de organización y funcionamiento de la escuela, la familia y el aula”.
Estos planteamientos permiten concluir que el trabajo en la escuela debe estar en sintonía con la realidad, con el contexto socio-cultural, y no constituirse en un simple apéndice de contenidos teóricos. Las experiencias de trabajo que se incorporen al hacer pedagógico -relacionadas con la ciencia, la tecnología, las humanidades- deben tener como propósito la exploración de habilidades e intereses de los educandos y la aplicación de los conocimientos adquiridos a situaciones de la vida cotidiana.
Más recientemente, Victor Guédez (1998) señala que la preparación hacia el trabajo implica elevar la capacidad para comprender, absorber y aplicar nuevos conocimientos como condición que garantice una mejora sustancial de la calidad de vida del venezolano y la formación de hombres emprendedores, ágiles y polivalentes que promuevan el aprovechamiento de las oportunidades, el cultivo de las fortalezas y la superación de los riesgos.
En este contexto, Josefina Bruni Celli (1997) afirma que las tendencias actuales llevan, en casos específicos, a sustituir los trabajos manuales por ejes transversales de preparación para el ejercicio del trabajo. Señala que la orientación es más hacia “el desarrollo de habilidades requeridas para la toma de decisión sobre carreras de vida y el buen desenvolvimiento del individuo en cualquier lugar de trabajo moderno... que a la formación para el ejercicio de un oficio especifico”. Esta autora señala puntos claves en el “deber ser” planteados en el Noveno Plan de la Nación. Entre ellos cabe destacar “la necesidad de formar individuos más creativos y participativos” y la necesidad de que la educación básica proporcione “una sólida formación inicial que capacite para el aprendizaje continuo, la rectificación profesional y la educación permanente”.
Los planteamientos anteriores permiten concluir que se hace necesario enseñar a aprender, enseñar a ser, enseñar a hacer y enseñar a emprender. Una adecuada educación para el trabajo enseña a aprovechar bien el tiempo, a ser disciplinado, responsable y organizado; a preservar el ambiente biofísico y sociocultural; a trabajar cooperativamente; a resolver creativamente los problemas, a seguir instrucciones de manera inteligente; a contribuir en la calidad del producto; a valorar al trabajador y a reconocer que el trabajo debe estar siempre al servicio de la persona humana y de los intereses sociales, culturales y económicos del país.
Sobre esta base, se aspira mejorar la calidad de la escuela ligada íntimamente con la calidad de la pedagogía que la misma propone. Cuando se dice que toda educación debe estar imbuida del trabajo, debe entenderse que el trabajo es el lugar, el espacio, el contexto desde el cual ha de desenvolverse la práctica educativa.
En resumen, con el Eje Transversal Trabajo se aspira que el estudiante valore el trabajo como actividad que dignifica al hombre, defienda el trabajo cooperativo para su crecimiento personal y social, vea con claridad la relación que existe entre sus intereses y habilidades y las oportunidades ocupacionales que le ofrece el contexto sociocultural, adquiera una visión emprendedora que le permita participar en proyectos para mejorar su calidad de vida.
El eje se operacionaliza a través de cuatro dimensiones: valoración del trabajo, calidad y productividad, labores y ocupaciones y visión de la realidad laboral e industrial del país. Las tres primeras dimensiones corresponden a la Primera y Segunda Etapa; la cuarta dimensión es una proyección hacia la Tercera Etapa, pero puede incorporarse en cualquiera de las etapas anteriores si el desarrollo evolutivo del estudiante así lo permite.
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La incorporación del eje transversal ambiente en el diseño curricular del nivel de Educación Básica, se justifica, entre otras razones, porque es importante conocer la dinámica del ambiente y su problemática. Así mismo, se requiere el fortalecimiento de los valores ambientales, éticos y estéticos y la participación organizada de la ciudadanía en la solución de problemas socioambientales. Mención especial merecen los aspectos referentes a la salud pública que afectan a toda la sociedad venezolana. Lo señalado anteriormente exige por parte de la escuela una formación adecuada del niño que contribuya a crear conciencia y fomentar actitudes favorables para atenuar los graves problemas planteados.
La concepción del ambiente ha estado centrada exclusivamente, en el componente natural y en la consideración del hombre como centro de ese componente (antropocentrismo). Dentro del currículo que se propone, el ambiente es concebido como un todo conformado por la naturaleza, el hombre, la cultura y componentes de tipo geohistóricos, económicos, políticos,...
Gran parte de la crisis ambiental es debida al modelo de desarrollo que se ha seguido. Este modelo ha transformado el ambiente y en muchos casos lo ha llevado a situaciones críticas caracterizadas por el agotamiento de los recursos energéticos y alimentarios y la disminución del espacio para la recreación. Genera además, en la naturaleza, problemas de contaminación, ruptura del equilibrio, extinción de especies, pobreza, desnutrición, consumismo, violación de los derechos humanos y otros daños socionaturales alarmantes. Indudablemente se ha llegado a esta situación porque el ser humano no ha comprendido que no somos otra cosa que una parte integrante de la naturaleza y al destruirla provocamos nuestra propia desaparición.
La complejidad de la problemática ambiental exige que el hombre reaccione y pase, tal como lo señala Freire (1982), de la “inmersión sumisa” a la “inmersión crítica” que conduzca a la “conciencia liberadora”. Por estas razones el hombre necesita una alfabetización ambiental, para lo cual se requiere:
Las ideas anteriores conducen a la sistematización del eje al organizarlo en cuatro dimensiones. Estas son: Dinámica del Ambiente, Participación Ciudadana, Valores Ambientales y Promoción de la Salud Integral. Estas dimensiones son categorías funcionales y representan líneas para la acción pedagógica. Ellas responden no sólo a las ideas sostenidas por Freire, referentes a la conciencia liberadora, sino también a los cuatro pilares de la educación planteados por Delors (1992).
Dinámica del Ambiente responde al saber sobre el ambiente; aquí se pretende que el educando comprenda que el entorno es el resultado de la interacción, tanto de fenómenos naturales como de las acciones humanas, y que para estudiarlo se requiere conocer los aspectos físiconaturales y los factores sociales. Esta dimensión ofrece la oportunidad al docente de discutir problemas que han llegado a situaciones críticas y conocer sus causas, consecuencias e interrelaciones. Algunos de estos problemas son: población, salud, paz, derechos humanos, democracia, hambre, degradación de la fauna y la flora, agua y aire, así como la reflexión y uso de la historia indígena y de las culturas locales, para entender el ambiente socionatural. Todo ello debe ser abordado desde una perspectiva holística.
Participación ciudadana responde al saber hacer por el ambiente. No puede concebirse la formación ambiental de los alumnos como una simple reflexión o información en el aula, debe entenderse de una manera dinámica, como un compromiso que se manifiesta mediante la acción ciudadana. Ello supone que en la práctica pedagógica no sólo debe utilizarse la información y la observación de los hechos, sino que deben adoptarse estrategias en las cuales el alumno participe en la formulación de problemas, en la verificación de hipótesis, en el debate y en el contraste de opiniones, para que así construya sus propios criterios de acción y pueda llevarlos a la práctica.
Se debe educar al niño, entonces, para que interactúe con su comunidad en la búsqueda de soluciones, en la planificación de acciones de acuerdo con las situaciones planteadas, y en la utilización de metodologías participativas omnirrelacionadas.
Este proceso de interacción conduce al fortalecimiento de la autoconfianza en el grupo y en la comunidad a la que pertenece. Confianza, organización y participación permiten tener conciencia de los recursos de cada quien y de los del grupo.
Valores Ambientales es la dimensión para la consolidación de una conciencia ética y estética y responde al ser. El eje ambiente contribuye con la formación de la conciencia ética y estética, para interactuar con las distintas formas de vida con las cuales comparte su espacio y para respetar sus ciclos de vida. Por ello, la dimensión valores ambientales, a nivel individual y colectivo, tiene el propósito de formar ciudadanos con conciencia local y planetaria.
La formación axiológica debe tener como base el pensamiento ético, crítico e innovador en la promoción de la calidad ambiental. Esto puede lograrse a través del análisis y reflexión de las propias acciones, ello facilita que se. configure un comportamiento ético y estético ante el ambiente. En este sentido, corresponde al maestro buscar cuáles son las situaciones más adecuadas para propiciar en el alumno este comportamiento.
Promoción de la Salud Integral y la conciencia de la salud planetaria responden al saber convivir con el ambiente que nos rodea, lo cual incluye, como ya se ha señalado: personas, animales, plantas, hongos, bosques, sabanas, cuerpos de agua, suelos, nuestro yo interno y externo.
Una formación ambientalista nos lleva a proponer nuevas interrogantes que van desde nuestra concepción del ambiente hasta la manera de situarnos en él y convivir con él. La educación debe contribuir a la conformación de una sociedad que se preocupe por los problemas de salud pública y desarrolle una conciencia global del planeta.
Uno de los aportes más significativos que puede hacer la escuela para mitigar los problemas de salud pública, es que el niño aprenda a detectar situaciones personales y sociales, en las que no se cuenta con las condiciones ni los recursos sanitarios adecuados. Por lo tanto, debe procurar que el alumno conozca, participe y colabore con aquellas organizaciones gubernamentales y no gubernamentales que trabajan por la promoción de la salud.
Por otra parte, si tomamos en cuenta que la salud organizacional (familiar, escolar, laboral, vecinal,...) depende de la salud individual, es necesario que el alumno reconozca que cuando las relaciones interpersonales ocurren en un ambiente afectivo de confianza, respeto, comunicación y de colaboración mutua, se contribuye con la salud social.
Una vida saludable se alcanza siempre y cuando se consoliden la autoestima, la autonomía y se reconozca, con espíritu critico, cuáles son los comportamientos y las situaciones de riesgos o peligros para la salud.
Es relevante además, que el estudiante conozca y aprecie su cuerpo y comprenda su funcionamiento, sus potencialidades y sus limitaciones para desarrollar y afianzar sus hábitos en la vida diaria. Igualmente, es conveniente que conozca e interiorice las normas básicas para la salud: alimentación, cuidado corporal, higiene,...
Como parte de una vida saludable resulta muy importante comprender que la realidad sexual y el ejercicio de la sexualidad es una actividad plena de realización de la persona y está relacionada con el amor, la ternura, la comunicación, el diálogo, la solidaridad, la belleza, la vida, el respeto, la confianza y la responsabilidad.
En la dimensión promoción de la salud se aspira que al finalizar la Educación Básica el educando asuma y sienta la vida como una realidad y como un proyecto del cual es protagonista y responsable. Por ello, debe capacitarse para la participación activa, individual y colectiva, en la promoción de la salud.
Por las razones antes expuestas, se enfatiza que la transversalidad es una de las innovaciones curriculares más útiles para fomentar la calidad de vida. En tal sentido, el eje transversal ambiente persigue la comprensión de la dinámica del ambiente, la participación como ciudadano, la estructuración práctica de una conciencia ética y estética y el compromiso del alumno, de la escuela y la comunidad como promotores de la salud integral.
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